Tener exceso de grasa corporal no es solo una cuestión de peso: dónde se acumula esa grasa ahora está relacionado con el envejecimiento cerebral acelerado y el deterioro cognitivo. Una nueva investigación de la Universidad Médica de Xuzhou en China analizó imágenes por resonancia magnética y datos cognitivos de casi 26 000 personas, revelando que patrones específicos de distribución de grasa se asocian de forma independiente con un volumen cerebral reducido, riesgos neurológicos y un deterioro cognitivo más rápido.
Los hallazgos clave del estudio
Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para clasificar a los participantes en seis grupos según la distribución de la grasa corporal. Los resultados fueron claros: todos los grupos con diferentes patrones de grasa mostraron volúmenes cerebrales más bajos y menos materia gris en comparación con las personas delgadas, incluso aquellos con un IMC promedio. Esto sugiere que las mediciones tradicionales del IMC por sí solas no captan completamente el riesgo para la salud del cerebro.
Destacaron dos tipos de distribución de grasa previamente no definidos:
– “Predominante pancreático”: Alta concentración de grasa alrededor del páncreas.
– “Flaco-graso”: Depósitos densos de grasa alrededor de los órganos, a pesar de un IMC normal.
Ambos perfiles se correlacionaron con el mayor riesgo de pérdida de materia gris, lesiones de materia blanca y envejecimiento cerebral acelerado. El estudio también encontró vínculos específicos por sexo: el envejecimiento cerebral se aceleró más en los hombres, mientras que el patrón predominantemente pancreático se asoció más fuertemente con la epilepsia en las mujeres.
Por qué esto es importante
Esta investigación refuerza la idea de que la obesidad no se trata sólo de la masa grasa total; se trata de dónde se almacena la grasa. Estudios anteriores han demostrado que un IMC más alto puede dañar la estructura del cerebro, pero este trabajo sugiere que la distribución de la grasa en sí misma puede ser un factor de riesgo separado. Los hallazgos podrían significar que las personas con un IMC aparentemente “saludable” aún podrían estar en riesgo si tienen un exceso de grasa visceral (de órganos).
“La salud del cerebro no es sólo una cuestión de cuánta grasa tienes, sino también de adónde va”, dice el radiólogo Kai Liu.
Advertencias e investigaciones futuras
Los hallazgos del estudio se basan en una única instantánea en el tiempo. No se realizó un seguimiento de la distribución de grasa y la salud del cerebro durante años, por lo que no se ha probado la relación causa-efecto. Los participantes también eran de mediana edad y principalmente del Reino Unido, lo que limita la generalización.
Sin embargo, la investigación apunta a un área crucial para futuras investigaciones. Si se validan en estudios más amplios y diversos, estos perfiles de grasa podrían convertirse en marcadores de alerta temprana del deterioro cognitivo. Esto podría permitir a las personas realizar cambios en su estilo de vida o buscar intervención médica antes.
Cuanto más aprendamos sobre este vínculo entre la grasa y la salud del cerebro, mejor podremos orientar los tratamientos y prevenir problemas neurológicos.





























