La menopausia es una transición natural en la vida de una mujer, pero sus efectos se extienden mucho más allá de los cambios físicos. Cada vez hay más evidencia que vincula la menopausia con alteraciones en la función cognitiva, la salud mental e incluso cambios estructurales dentro del propio cerebro. Si bien la terapia de reemplazo hormonal (TRH) es un tratamiento común para los síntomas asociados, su impacto en la salud del cerebro a largo plazo sigue sin estar claro. Un análisis reciente de datos de casi 125.000 mujeres en el Biobanco del Reino Unido arroja nueva luz sobre estas conexiones.
Cambios cognitivos y de salud mental durante la menopausia
El estudio clasificó a las participantes en usuarias de TRH premenopáusicas, posmenopáusicas y posmenopáusicas. Los hallazgos muestran que las mujeres después de la menopausia tienen significativamente más probabilidades de experimentar ansiedad, depresión y trastornos del sueño en comparación con las que aún están premenopáusicas. Estos síntomas a menudo conducen a una mayor dependencia de los servicios de atención médica, incluidas las recetas de antidepresivos.
Quizás lo más preocupante es que los escáneres cerebrales revelaron una reducción mensurable en el volumen de materia gris después de la menopausia. Esta disminución fue particularmente pronunciada en el hipocampo y la corteza entorrinal (regiones del cerebro críticas para la memoria y el aprendizaje) y la corteza cingulada anterior, que gobierna la regulación emocional y la atención. Estas mismas áreas suelen estar entre las primeras en deteriorarse en la enfermedad de Alzheimer, lo que plantea dudas sobre un posible vínculo entre la menopausia y un mayor riesgo de demencia.
TRH: ¿Ayuda o daña?
El estudio examinó si la TRH mitigaba estos cambios cerebrales. Sorprendentemente, la TRH no evitó la reducción de la materia gris. Además, las mujeres que utilizaban TRH informaron niveles más altos de ansiedad y depresión, aunque los investigadores creen que esto puede reflejar problemas de salud mental preexistentes en lugar de ser causado por el tratamiento en sí.
Hubo un beneficio notable: la TRH pareció preservar la velocidad psicomotora, una función cognitiva que naturalmente disminuye con la edad. Las mujeres posmenopáusicas que nunca habían usado TRH demostraron tiempos de reacción más lentos que aquellas que habían tomado hormonas.
Sin embargo, la eficacia de la TRH es muy variable. Una de cada cuatro mujeres que recibieron la dosis más alta autorizada todavía tenía niveles de estrógeno subóptimos, lo que significa que es posible que no estén experimentando todos los beneficios del tratamiento. La dosis óptima y el método de administración de la TRH siguen siendo inciertos.
Estilo de vida como factor protector
Dadas las lagunas en la investigación de la TRH, los científicos también están analizando intervenciones en el estilo de vida. Los estudios sugieren que el ejercicio regular, las actividades mentalmente estimulantes, una dieta equilibrada, dormir lo suficiente y fuertes conexiones sociales pueden mejorar la salud del cerebro y la función cognitiva. Por ejemplo, se ha demostrado que la actividad física aumenta el tamaño del hipocampo, lo que podría contrarrestar la contracción cerebral relacionada con la menopausia. De manera similar, dormir bien favorece la consolidación de la memoria y elimina las toxinas dañinas del cerebro.
“Los hábitos de vida saludables pueden ofrecer una estrategia accesible y eficaz para promover la salud del cerebro, la reserva cognitiva y la resistencia al estrés durante y después de la transición a la menopausia”.
En última instancia, aunque el panorama completo sigue estando incompleto, esta investigación subraya la importancia de comprender el impacto de la menopausia en el cerebro. Es crucial realizar más investigaciones sobre las terapias hormonales y las intervenciones en el estilo de vida para apoyar el bienestar cognitivo y mental a largo plazo de las mujeres.



























