El universo parece vasto y aleatorio, pero al observar las órbitas planetarias surge un patrón sorprendente: se alinean aproximadamente en el mismo plano, como un panqueque celeste. Esto plantea la pregunta: ¿qué hay “debajo” de la Tierra si el espacio se extiende en todas direcciones? La respuesta no es simple y requiere comprender las estructuras anidadas que gobiernan el cosmos, desde nuestro sistema solar hasta los supercúmulos galácticos.
Definiendo ‘Abajo’ en un universo 3D
Nuestra intuición dicta “hacia abajo” en la dirección en que nos empuja la gravedad, pero esto es relativo. En América del Norte, “abajo” apunta hacia el núcleo de la Tierra, mientras que alguien en el sur del Océano Índico experimentaría “abajo” en la dirección opuesta. Extrapolando esto, los astrónomos definen “abajo” como la región debajo de la eclíptica, el plano en el que los planetas orbitan alrededor del sol.
Sin embargo, esto es sólo una capa. El propio sistema solar orbita dentro de la Vía Láctea, confinado a un plano galáctico. Este plano está inclinado unos 60 grados con respecto a la eclíptica, lo que significa que nuestra “abajo” no está alineada con la estructura general de la galaxia.
Planos galácticos y supergalácticos: una jerarquía de discos
La Vía Láctea no está sola; reside dentro del Grupo Local de galaxias, que a su vez están agrupadas en un plano supergaláctico, casi perpendicular al plano galáctico (en un ángulo de 84,5 grados). Esto revela una jerarquía de estructuras aplanadas que se extiende a través de escalas cósmicas. La cuestión de qué hay “debajo” de la Tierra depende en última instancia de qué tan lejos se aleje el zoom.
De nebulosas a discos: cómo se formaron estos planos
La razón de estos planos alineados radica en la forma en que se formaron estas estructuras. El sol y los planetas se originaron a partir de una nube de gas y polvo que colapsaba, la nebulosa solar. Esta nebulosa poseía una ligera rotación inicial; a medida que se contraía bajo la gravedad, esa rotación se aceleraba.
Las partículas dentro de la nebulosa chocaron e interactuaron, aplanando gradualmente la nube hasta convertirla en un disco. Las órbitas oblicuas se cancelaron mediante repetidas colisiones, lo que obligó a todo a permanecer en un solo plano. El sol y los planetas se formaron dentro de este disco aplanado. El mismo principio se aplica, a escalas mayores, a las estrellas de la Vía Láctea y las galaxias del Grupo Local.
¿Qué hay más allá?
En última instancia, no hay nada intrínsecamente especial en la dirección que llamamos “hacia abajo”. Es simplemente una consecuencia de la física que gobierna cómo se forman las estructuras. Más allá de nuestro sistema solar, otras estrellas orbitan en diferentes orientaciones. Y más allá de esas estrellas se encuentran otras galaxias, cada una con su propio plano de rotación.
Al universo no le importa nuestro sentido de orientación. La jerarquía cósmica de los discos es una consecuencia de la gravedad y la rotación, no un diseño intencionado. La próxima vez que mires al cielo nocturno, recuerda que “abajo” es relativo y que el espacio se extiende por igual en todas las direcciones.
