El futuro incierto de la mejora genética: más allá de la lista de George Church

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La ambición de diseñar genéticamente seres humanos “mejores” ya no es ciencia ficción. Empresas emergentes como Bootstrap Bio están discutiendo abiertamente la posibilidad de ofrecer a los padres la posibilidad de seleccionar rasgos para sus hijos. ¿El argumento central? ¿Por qué deberían dejarse las ventajas genéticas al azar cuando la tecnología puede permitir una mejora dirigida? Pero la realidad es mucho más compleja que una simple mejora.

Los límites del conocimiento actual

En el centro de esta discusión se encuentra una lista compilada por el biólogo George Church, que detalla variantes genéticas “protectoras y potenciadoras”. Si bien pretendió ser un experimento mental, se ha convertido en un punto focal para los transhumanistas que esperan crear individuos genéticamente “superiores”. La lista en sí es una mezcla de mutaciones confirmadas, estudios en animales y ensayos médicos preliminares, con más de 100 entradas.

Sin embargo, muchas de las mejoras propuestas son, en el mejor de los casos, cuestionables. ¿Los dedos adicionales realmente mejorarían la función o simplemente complicarían la vida diaria? Las variantes de la insensibilidad al dolor, si bien parecen deseables, pueden provocar lesiones graves en niños incapaces de sentir daño. Otros rasgos, como la reducción del olor corporal, difícilmente justifican los riesgos de la manipulación genética.

Las compensaciones y las incógnitas

Las variantes más prometedoras –las vinculadas a la longevidad o la inteligencia– siguen siendo poco fiables. La ingeniería de estos rasgos está lejos de estar garantizada. Algunas asociaciones pueden ser incorrectas o efectivas sólo en combinación con otros factores genéticos aún no descubiertos. Lo que es más importante, muchas mejoras conllevan compensaciones. Un gen vinculado a una inteligencia superior también podría aumentar el riesgo de ceguera, mientras que la resistencia a una enfermedad podría elevar la probabilidad de padecer otra.

La lista a menudo carece de evaluaciones exhaustivas de las desventajas. Las variantes asociadas con la reducción del sueño, por ejemplo, probablemente tengan consecuencias neurológicas desconocidas, dado el papel vital del sueño en la salud del cerebro.

Para maximizar realmente el beneficio, se necesitarían docenas o incluso cientos de cambios genéticos a la vez, especialmente para rasgos como la altura y la inteligencia, que son poligénicos (influenciados por numerosos genes). La tecnología actual no es ni de lejos capaz de ejecutar con seguridad alteraciones tan complejas.

El panorama general: ¿un enfoque fuera de lugar?

La búsqueda de mejoras genéticas distrae la atención de desigualdades más inmediatas e impactantes. A nivel mundial, millones de niños sufren retraso en el crecimiento y deterioro cognitivo debido a la desnutrición y la falta de educación. Atender estas necesidades básicas tendría un efecto mucho mayor en la reducción de la “lotería genética” que diseñar a unos pocos individuos seleccionados.

La verdadera solución no es diseñar a unos pocos niños para que sean “mejores”, sino garantizar que todos los niños tengan la oportunidad de alcanzar su potencial actual.

Los obstáculos éticos y científicos son sustanciales, pero la cuestión subyacente es una de prioridades. La atención debería centrarse en ampliar la investigación (como la del Biobanco del Reino Unido, que rastrea variantes genéticas durante décadas) para obtener conocimientos más claros. Sólo entonces podremos siquiera empezar a considerar la aplicación responsable de la edición del genoma hereditario.

La idea de que la mejora genética hará que el mundo sea más justo es una ilusión peligrosa. La forma más eficaz de nivelar el campo de juego no es mediante la selección genética, sino garantizando derechos y oportunidades básicos para todos los niños, independientemente de sus rasgos heredados.