Las primeras investigaciones sugieren un enfoque novedoso para tratar el dolor nervioso crónico: suministrar directamente a los nervios mitocondrias frescas, las centrales eléctricas celulares. El estudio, realizado con células de ratón, animales vivos y tejidos humanos, revela un papel crítico, pero previamente pasado por alto, de las células de soporte en el sistema nervioso. Estas células, conocidas como células gliales satélite, transfieren activamente las mitocondrias a los nervios sensibles al dolor. Las interrupciones en este proceso provocan un agotamiento de la energía de los nervios, lo que provoca su mal funcionamiento y desencadena dolor crónico.
La crisis energética en las células nerviosas
Los nervios dependen de un suministro constante de energía para funcionar correctamente. Cuando los nervios no reciben suficientes mitocondrias, pueden activarse espontáneamente, incluso sin estímulos externos. Esta actividad errática provoca dolor crónico y eventualmente puede conducir a la degeneración nerviosa. Como explica el autor principal del estudio, Ru-Rong Ji, “si disparas como loco, eventualmente esa neurona probablemente degenerará”. La investigación, publicada en Nature, propone que restaurar la función mitocondrial podría prevenir esta degradación.
Cómo las células gliales suministran energía
El estudio se centró en las células gliales satélite, que físicamente envuelven las raíces nerviosas cerca de la médula espinal. Estas células extienden estructuras microscópicas llamadas nanotubos tunelizadores para llevar las mitocondrias directamente a los nervios. Esta transferencia se produce a través de estos tubos, pequeñas burbujas liberadas por las células gliales o canales especiales entre las membranas celulares. Los investigadores siguieron el proceso utilizando etiquetas fluorescentes, lo que confirmó que las mitocondrias de las células gliales alcanzan con éxito las fibras nerviosas.
La interrupción de esta transferencia mitocondrial en ratones aumentó la sensibilidad al dolor, lo que confirma su importancia. Los ratones con daño nervioso debido a la quimioterapia o la diabetes también mostraron un intercambio mitocondrial deteriorado, lo que contribuyó al dolor crónico. Por el contrario, el trasplante de células gliales sanas alivió el dolor al proporcionar un nuevo suministro de mitocondrias productoras de energía.
Distribución desigual e implicaciones futuras
El estudio también reveló que las fibras nerviosas más grandes reciben más mitocondrias de las células gliales que las fibras más pequeñas. Esta distribución preferencial sigue sin explicación, pero puede explicar por qué las fibras pequeñas son más vulnerables a sufrir daños en enfermedades como la diabetes y la quimioterapia, lo que provoca síntomas como entumecimiento y sensación de ardor.
Los hallazgos sugieren tratamientos potenciales centrados en estimular la actividad de las células gliales para aumentar la transferencia mitocondrial, o incluso inyectar directamente mitocondrias purificadas en los nervios. La investigación también cuestiona la visión tradicional de las células gliales como un mero “pegamento” para el sistema nervioso, posicionándolas como participantes activos en la función neuronal. La capacidad de transportar grandes orgánulos como las mitocondrias a través de nanotubos indica una relación más profunda e interconectada entre las neuronas y las células gliales de lo que se pensaba anteriormente.
Las implicaciones del estudio se extienden más allá del manejo del dolor, lo que sugiere una nueva comprensión de cómo funcionan las redes neuronales y cómo las células gliales pueden desempeñar un papel mucho más dinámico en el mantenimiento de la salud de los nervios.




























