Los investigadores han descubierto que los aumentos cuidadosamente controlados en los niveles de dióxido de carbono (CO₂) pueden mejorar significativamente el sistema natural de eliminación de desechos del cerebro, un proceso crítico para prevenir enfermedades neurológicas. Los hallazgos, de un estudio dirigido por neurocientíficos de la Universidad de Nuevo México (UNM) y The Mind Research Network, sugieren un nuevo enfoque potencial para combatir afecciones como el Parkinson y el Alzheimer.
El “sistema de alcantarillado” del cerebro
Durante años, los científicos han sabido que el cerebro elimina las toxinas a través del sistema glifático, una red de canales que elimina los productos de desecho durante el sueño. Este sistema depende de la circulación del líquido cefalorraquídeo (LCR) para eliminar proteínas mal plegadas y otras sustancias nocivas. Sin embargo, este proceso de eliminación a menudo se ve interrumpido en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, donde los trastornos del sueño y la reducción del flujo sanguíneo cerebral contribuyen a la acumulación de toxinas.
El sistema glinfático no se comprendió plenamente hasta la última década, lo que hace que este descubrimiento sea aún más importante. Actualmente se piensa ampliamente que la acumulación de toxinas en el cerebro es la base de la progresión de las enfermedades neurológicas, aunque todavía se está investigando si estas toxinas causan enfermedades o son meros subproductos.
Cómo el CO₂ manipula el aclaramiento cerebral
El estudio reciente encontró que la hipercapnia intermitente (pulsos breves y rítmicos de aire rico en CO₂) puede estimular artificialmente el sistema linfático incluso estando despierto. Los investigadores creen que las fluctuaciones en los niveles de CO₂ hacen que los vasos sanguíneos se expandan y contraigan, lo que aumenta el flujo de LCR. Los resultados, publicados recientemente, mostraron que esta técnica mejoró la eliminación de desechos tanto en participantes sanos como en aquellos diagnosticados con Parkinson.
En experimentos con 63 adultos mayores (30 con Parkinson), las resonancias magnéticas confirmaron que la hipercapnia intermitente alteraba el flujo del LCR. Las pruebas de seguimiento realizadas a 10 participantes (5 con Parkinson) revelaron niveles elevados de productos de desecho en la sangre, lo que indica una mejor eliminación. En particular, un participante con biomarcadores de Alzheimer mostró un fuerte aumento en las proteínas beta-amiloide en la sangre después del tratamiento con CO₂, lo que sugiere potencial para eliminar también estas toxinas.
Implicaciones e investigaciones futuras
Los hallazgos del estudio sugieren que manipular los niveles de CO₂ podría ser una estrategia terapéutica novedosa para las enfermedades neurodegenerativas. Los investigadores ahora están explorando si prácticas como el yoga, el tai chi y el qigong, que enfatizan la respiración abdominal, podrían lograr efectos similares al aumentar naturalmente el CO₂ en la sangre.
“Nos dimos cuenta de que podíamos reproducir, en estado despierto, la respuesta de limpieza glifática normalmente asociada al sueño profundo utilizando CO₂ intermitente”, explica la neuropsicóloga Sephira Ryman de la UNM.
Sin embargo, aún no está claro si estos cambios son duraderos o tienen un impacto clínicamente significativo en la patología de la enfermedad. Se necesita más investigación para determinar la dosis óptima de CO₂, la duración y los posibles efectos secundarios antes de que este enfoque pueda considerarse un tratamiento viable.
El descubrimiento abre nuevas vías para comprender y potencialmente prevenir el deterioro neurológico, pero aún se encuentra en las primeras etapas de desarrollo.



























