La conexión entre el corazón y el cerebro es más crítica de lo que se pensaba anteriormente, y una nueva investigación sugiere que la reacción del cerebro a un ataque cardíaco en realidad puede empeorar el daño. Los experimentos en ratones demuestran que la supresión de las señales nerviosas del corazón lesionado al cerebro mejora la función cardíaca y reduce las cicatrices, abriendo nuevas vías de tratamiento.
Explicación de la conexión corazón-cerebro
Durante décadas, los ataques cardíacos se han visto principalmente como un problema mecánico: una arteria bloqueada que corta el flujo sanguíneo. Sin embargo, este estudio revela que el sistema nervioso juega un papel crucial en el proceso de recuperación. Cuando el corazón sufre daño, envía señales al cerebro a través del nervio vago, lo que desencadena una respuesta que puede amplificar la inflamación e impedir la curación.
Específicamente, los investigadores identificaron neuronas positivas para TRPV-1 como contribuyentes clave en esta vía. Estas células nerviosas se vuelven hiperactivas después de un ataque cardíaco y transmiten mensajes de “daño” al cerebro. La desactivación de estas neuronas en ratones provocó lo siguiente:
- Mejora de la capacidad de bombeo del corazón.
- Reducción de la formación de tejido cicatricial.
- Mayor estabilidad eléctrica del corazón.
Esto es importante porque demuestra que la respuesta inflamatoria natural del cuerpo, si bien inicialmente es necesaria para la eliminación de tejido, puede volverse perjudicial si se prolonga o se desregula.
El papel de la inflamación en la recuperación
Las señales del corazón viajan al núcleo paraventricular del hipotálamo (una región del cerebro que controla el estrés, la presión arterial y la frecuencia cardíaca) y luego al ganglio cervical superior en el cuello. Este ganglio, un grupo de células nerviosas, muestra una mayor inflamación después de un ataque cardíaco, liberando moléculas proinflamatorias llamadas citocinas. La reducción de esta inflamación en ratones mejoró directamente la función cardíaca y la reparación de los tejidos.
Por qué esto es importante: El sistema nervioso no simplemente reacciona ante un ataque cardíaco; participa activamente en el resultado. Si la respuesta inflamatoria no se controla, puede pasar de una medida protectora a un proceso autodestructivo.
Estrategias de tratamiento futuras
Los hallazgos sugieren que las terapias dirigidas a la vía cerebro-corazón podrían revolucionar la recuperación de un ataque cardíaco. Los investigadores proponen enfoques potenciales, que incluyen:
- Estimulación del nervio vago: Modulación de la actividad nerviosa para reducir la inflamación.
- Terapias basadas en genes: Dirigidas a regiones cerebrales específicas involucradas en la respuesta
- Tratamientos dirigidos al sistema inmunológico: Controlar la inflamación desde su origen
Si bien estas estrategias aún se encuentran en las primeras etapas, el estudio proporciona una hoja de ruta clara para futuras investigaciones. Según Vineet Augustine, neurobiólogo de la Universidad de California en San Diego, “ahora podemos empezar a pensar en terapias que vayan más allá del corazón”.
La respuesta inflamatoria no es inherentemente negativa; es esencial para la eliminación y reparación de tejidos en las primeras etapas. Sin embargo, cuando es excesivo o prolongado, puede dificultar la recuperación.
Según los CDC, Estados Unidos sufre aproximadamente 805.000 ataques cardíacos cada año. Comprender el papel del cerebro en estos eventos podría conducir a tratamientos más efectivos y mejores resultados para millones de pacientes.



























