Sinestesia confirmada: el cerebro trata los colores imaginados como reales

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La sinestesia, un fenómeno neurológico en el que los sentidos se combinan, no es sólo una experiencia subjetiva. Un nuevo estudio confirma que el cuerpo reacciona a los colores percibidos internamente (como ver los números con colores inherentes) como si esos colores estuvieran físicamente presentes. La investigación, publicada en eLife el 6 de marzo, revela respuestas fisiológicas mensurables en individuos con sinestesia, demostrando que sus cerebros procesan colores imaginados de una manera sorprendentemente similar a la información visual real.

La pupila como ventana a la mente sinestésica

El estudio se centró en la sinestesia grafema-color, donde las letras o los números desencadenan percepciones involuntarias de color. Los investigadores utilizaron tecnología de seguimiento ocular para controlar el tamaño de las pupilas mientras los participantes veían números grises en una pantalla. Aquellos con sinestesia exhibieron patrones claros: pupilas contraídas al ver dígitos vinculados a colores más brillantes en sus mentes y dilatadas para tonos más oscuros.

Por ejemplo, muchos participantes “vieron” constantemente el cero como blanco o gris claro, lo que provocó que sus pupilas se contrajeran ligeramente, mientras que nueve desencadenaron asociaciones con tonos más oscuros, lo que provocó la dilatación de las pupilas. Los grupos de control (individuos sin sinestesia, a algunos a los que se les pidió que imaginaran colores activamente, a otros que vieran los números pasivamente) no mostraron tales respuestas. Esto confirma que el cerebro trata los colores generados internamente como si fueran estímulos externos.

Por qué esto importa: más allá de la experiencia subjetiva

Esta investigación es importante porque va más allá de las experiencias autoinformadas, que son notoriamente difíciles de validar objetivamente. La sinestesia afecta al menos al 4 % de la población, pero su estudio siempre se ha basado en gran medida en que los participantes describan sus percepciones. Este estudio proporciona un marcador fisiológico mensurable y confiable, allanando el camino para un mejor diagnóstico y comprensión de la afección.

La respuesta de los alumnos no es aleatoria; es un reflejo ligado a los niveles de luz. La claridad contrae las pupilas, la oscuridad las dilata. El hecho de que los “colores” sinestésicos desencadenen el mismo reflejo demuestra que el cerebro no está simplemente asociando colores con números, sino que en realidad los percibe.

Percepción involuntaria: el cerebro no “piensa” estos colores, los “ve”

El momento de las respuestas de los alumnos fue revelador. Los colores reales provocan una reacción inmediata, mientras que los colores imaginados conscientemente suelen provocar un ligero retraso. Los colores sinestésicos, sin embargo, desencadenaron ajustes de las pupilas a un ritmo intermedio: más rápido que la imaginación deliberada, pero más lento que la percepción real. Esto sugiere que la sinestesia no es un esfuerzo consciente, sino un proceso de percepción involuntario.

Las personas sin sinestesia que se vieron obligadas a asociar colores con números mostraron una mayor dilatación de la pupila, lo que indica un mayor esfuerzo cognitivo. Esto refuerza la idea de que la percepción sinestésica es automática, no requiere esfuerzo y fundamentalmente diferente de la asociación mental deliberada.

“Este trabajo podría conducir a formas mejores y más objetivas de identificar la sinestesia, utilizando medidas fisiológicas en lugar de depender únicamente de la autoevaluación”, dice Rebecca Keogh, investigadora de la Universidad Macquarie.

Los hallazgos del estudio sugieren que los sinestésicos utilizan las mismas redes cerebrales para la percepción interna del color que las utilizadas para ver colores reales. Esto no es una mera peculiaridad de la mente; es una diferencia fundamental en cómo el cerebro procesa la información sensorial.

Si bien el estudio se centró en la sinestesia del color del grafema, investigaciones futuras determinarán si estos hallazgos se aplican a otras formas de la afección. De todos modos, la evidencia es clara: para aquellos con sinestesia, los colores imaginados no están sólo en sus cabezas: son una realidad tangible para sus cerebros.