Un equipo de la Universidad de Wisconsin-Madison ha reconstruido con éxito una enzima de 3.200 millones de años de antigüedad, que proporciona un vínculo bioquímico directo con la vida antes de que el oxígeno dominara la atmósfera de la Tierra. Este avance no sólo ilumina las condiciones bajo las cuales prosperó la vida temprana, sino que también establece un marcador químico robusto para detectar vida potencial en otros planetas.
La enzima primordial: la nitrogenasa
La investigación, dirigida por el profesor Betül Kaçar, se centró en la nitrogenasa, una enzima esencial para convertir el nitrógeno atmosférico en una forma utilizable para los organismos. Sin la nitrogenasa, la vida tal como la conocemos no existiría. La función de esta enzima es tan fundamental que su reconstrucción ofrece una ventana única a los primeros procesos biológicos de la Tierra.
Cerrando la brecha fósil con biología sintética
Tradicionalmente, la comprensión de la vida antigua se ha basado en escasos registros geológicos: fósiles y muestras de rocas que a menudo son difíciles de obtener. El equipo de Kaçar empleó biología sintética para superar esta limitación. Al recrear enzimas antiguas e introducirlas en microbios modernos, pueden estudiar estas reliquias del pasado en un entorno de laboratorio controlado. Este enfoque llena eficazmente los vacíos en el registro fósil, ofreciendo reconstrucciones tangibles de la vida hace miles de millones de años.
La vida antes del oxígeno: una imagen más nítida
Hace tres mil millones de años, la atmósfera de la Tierra era drásticamente diferente: rica en dióxido de carbono y metano, y dominada por microbios anaeróbicos. Comprender cómo estos organismos accedieron a nutrientes cruciales como el nitrógeno es vital para comprender cómo persistió la vida antes de que el Gran Evento de Oxidación remodelara fundamentalmente el planeta.
La investigación del equipo confirma que las antiguas enzimas nitrogenasa producen las mismas firmas isotópicas que las versiones modernas, lo que significa que la forma en que esta enzima interactúa con su entorno se ha mantenido constante durante miles de millones de años. Esta coherencia es fundamental porque las firmas isotópicas en las rocas se utilizan a menudo para inferir la presencia de vida antigua.
Implicaciones para la astrobiología
El profesor Kaçar enfatiza que comprender el pasado de la Tierra es esencial para la búsqueda de vida más allá de nuestro planeta. “La búsqueda de vida comienza aquí en casa, y nuestra casa tiene 4 mil millones de años”, afirmó. Al reconstruir enzimas antiguas, los científicos obtienen una comprensión más profunda de las huellas bioquímicas que deja la vida, lo que hace que sea más probable identificar rastros de vida en otros mundos.
“Necesitamos comprender la vida que tenemos ante nosotros, si queremos comprender la vida que tenemos por delante y la vida en otros lugares.”
Esta investigación proporciona una poderosa herramienta para los astrobiólogos, ofreciendo un marcador fiable para identificar vida en entornos radicalmente diferentes al nuestro. Los hallazgos del estudio fueron publicados en Nature Communications.
En última instancia, este trabajo demuestra el valor de la biología sintética para descubrir secretos del pasado profundo. Al recrear físicamente moléculas antiguas, los científicos pueden probar suposiciones, llenar vacíos de conocimiento y perfeccionar métodos para detectar vida, tanto en la Tierra como más allá.




























