El río Yangtze, que alguna vez estuvo en grave deterioro ecológico, está demostrando una notable recuperación luego de la implementación de una prohibición total de pesca durante 10 años. Esto marca una de las historias de éxito en conservación de agua dulce más importantes en décadas, según destacados biólogos.
La crisis y la respuesta
Durante setenta años, el Yangtze –el tercer río más largo del mundo y un sustento para 400 millones de personas– sufrió la destrucción de su hábitat, la contaminación y prácticas de pesca insostenibles. El río fue testigo de una devastadora pérdida de biodiversidad, incluida la extinción del delfín baiji, una vez venerado como una diosa, a principios del siglo XXI.
Los científicos chinos habían abogado durante mucho tiempo por una prohibición total de la pesca, pero recién en 2021 el gobierno central aplicó una prohibición estricta que duró una década. No se trataba simplemente de una directiva vertical; fue cuidadosamente diseñado utilizando la teoría de juegos evolutivos para anticipar cómo responderían las comunidades, las administraciones locales y el gobierno central a los incentivos y sanciones.
Transición económica y ganancias ecológicas
La eficacia de la prohibición dependía de abordar el impacto económico sobre los aproximadamente 200.000 pescadores profesionales que dependían del río. El gobierno invirtió aproximadamente 3.000 millones de dólares en compensaciones y oportunidades de empleo alternativas, y desmanteló unos 100.000 buques pesqueros.
Los resultados, publicados en la revista Science, son sorprendentes. Los investigadores observaron una más del doble de la biomasa de peces entre 2019-2021 y 2021-2023. La biodiversidad ha mejorado un 13% y varias especies en peligro de extinción se están recuperando. La población de la marsopa sin aletas del Yangtze, por ejemplo, aumentó de 400 a 600 individuos.
Lecciones para la gestión global de los ríos
Esta recuperación no es simplemente un éxito localizado. Los biólogos, como Sébastien Brosse, de la Universidad de Toulouse, enfatizan las implicaciones para otras vías fluviales en dificultades en todo el mundo. La experiencia del Yangtze proporciona un modelo para esfuerzos de conservación ambiciosos, particularmente en regiones que enfrentan presiones similares. El río Mekong, con sus propios desafíos ecológicos, podría beneficiarse de la adopción de estrategias similares.
“Es una de las primeras veces que podemos decir que las medidas gubernamentales no sólo han funcionado, sino que realmente han mejorado las cosas”, afirmó Sébastien Brosse.
Desafíos pendientes y perspectivas futuras
A pesar de los avances, el Yangtsé sigue siendo vulnerable. La pesca ilegal persiste, especialmente en afluentes como el Gan. La calidad del agua requiere mejoras adicionales, y las especies en peligro crítico de extinción, como el esturión chino, necesitan acceso sin obstáculos a las zonas de desove alrededor de enormes centrales hidroeléctricas.
La reactivación del río Yangtze demuestra que una acción gubernamental decidida, junto con una transición económica y una aplicación rigurosa de la ley, puede revertir décadas de deterioro ecológico. La historia de éxito señala un cambio en el enfoque de China hacia la gestión ambiental y ofrece un rayo de esperanza para los ecosistemas fluviales a nivel mundial.
