La reciente decisión de la administración Trump de revocar el “hallazgo de peligro” de 2009 –un reconocimiento formal de que los gases de efecto invernadero ponen en peligro la salud pública– ignora evidencia científica abrumadora y pone en peligro el bienestar de millones de personas. Esta decisión no es sólo un retroceso político; es una amenaza directa a la salud física y mental de los estadounidenses, y sus consecuencias ya se sienten en todo el país.
La creciente amenaza del calor extremo
El aumento de las temperaturas globales, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, está haciendo que las olas de calor mortales sean más frecuentes e intensas. Si bien algunas enfermedades causadas por el calor son menores, la exposición prolongada, especialmente para poblaciones vulnerables como los ancianos o aquellos con enfermedades crónicas, puede ser fatal. Las muertes relacionadas con el calor han aumentado un 23% desde la década de 1990, y eventos como el domo de calor del noroeste del Pacífico de 2021 se cobraron cientos de vidas. Se proyecta que ciudades como Miami, Houston y Phoenix enfrentarán temperaturas cada vez más amenazantes para la supervivencia en las próximas décadas.
Clima extremo y salud pública
El cambio climático no sólo significa temperaturas más cálidas; significa más eventos climáticos extremos. El aire más cálido retiene más humedad, lo que provoca lluvias más intensas, tormentas intensificadas e inundaciones catastróficas. Las inundaciones aumentan el riesgo de ahogamiento, propagan enfermedades transmitidas por el agua y exponen a las personas a sustancias químicas tóxicas. Por el contrario, las sequías alteran el suministro de alimentos, causan enfermedades respiratorias debido al polvo y alimentan incendios forestales devastadores.
El impacto mortal de la contaminación del aire
Los incendios forestales son una fuente creciente de contaminación del aire, ya que liberan partículas microscópicas (PM2,5) y compuestos peligrosos como plomo, formaldehído y dioxinas a la atmósfera. Este humo viaja largas distancias y provoca ataques cardíacos, cáncer de pulmón y otros problemas de salud graves. Las condiciones más cálidas también empeoran la formación de ozono a nivel del suelo, un peligroso irritante pulmonar. La quema de combustibles fósiles sigue siendo una de las principales causas de estos contaminantes, lo que agrava las crisis sanitarias existentes.
La propagación de enfermedades infecciosas
El cambio climático influye directamente en las enfermedades transmitidas por insectos. El aumento de las temperaturas acelera las tasas de picaduras de mosquitos y el desarrollo de virus como el dengue y el chikungunya, que ahora aparecen en estados como Florida, Texas y Nueva York. Las temperaturas más cálidas también aumentan el riesgo de enfermedades diarreicas y enfermedades transmitidas por los alimentos, mientras que las sequías en las regiones áridas promueven infecciones fúngicas como la fiebre del valle.
Más allá de las amenazas inmediatas
Los riesgos para la salud van más allá de estos peligros inmediatos. Las temporadas de polen más largas empeoran las alergias, la reducción del rendimiento de los cultivos amenaza la seguridad alimentaria y la salud mental se ve afectada por traumas relacionados con desastres y mayores tasas de delitos violentos y suicidios. Los grupos vulnerables (incluidos los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas y las comunidades de bajos ingresos) enfrentan riesgos desproporcionadamente mayores debido a las enfermedades crónicas, la exposición y los recursos limitados.
La evidencia es innegable
El vínculo entre el cambio climático y la salud no es un tema de debate; es un consenso científico bien establecido. Los estudios muestran que el calor, la contaminación del aire, la propagación de enfermedades y la inseguridad alimentaria vinculadas al cambio climático ya están costando millones de vidas en todo el mundo. La negación de estos hechos por parte de la administración Trump va en contra de pruebas abrumadoras y experiencias vividas.
Un futuro saludable requiere acción climática
Ignorar el cambio climático no es sólo un error ambiental; es una crisis de salud pública. Reducir las emisiones, hacer la transición a energías limpias e invertir en infraestructura resiliente son pasos esenciales hacia un futuro más saludable. Al enfrentar el cambio climático, podemos reducir simultáneamente la contaminación del aire, promover la actividad física y mejorar la seguridad alimentaria, creando un círculo virtuoso de beneficios para la salud pública. Para mejorar genuinamente la salud estadounidense, debemos reconocer la ciencia y priorizar un futuro limpio y sostenible.
