El peligro de la inactividad: por qué los volcanes ‘extintos’ pueden estar más activos de lo que parecen

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Una nueva investigación geológica sugiere que el silencio de un volcán no significa necesariamente que esté muerto. Un estudio dirigido por vulcanólogos de ETH Zurich revela que algunos volcanes, previamente clasificados como extintos, en realidad pueden estar acumulando enormes depósitos subterráneos de magma durante largos períodos de inactividad.

Este hallazgo desafía las suposiciones arraigadas en vulcanología y sugiere que muchos volcanes “dormidos” podrían ser mucho más peligrosos de lo que predicen los modelos de peligro actuales.

La paradoja de Methana: un silencio de 100.000 años

Para comprender este fenómeno, los investigadores se centraron en el volcán Metana cerca de Atenas, Grecia. Al analizar la historia geológica del sitio que abarca 700.000 años, el equipo descubrió una sorprendente contradicción: una “floración” masiva de cristales de circón se produjo durante un período en el que el volcán parecía completamente inactivo.

Este período de inactividad duró más de 100.000 años, pero la evidencia química sugiere que se estaba produciendo magma en grandes volúmenes debajo de la superficie.

Los “Registradores de vuelo” de la geología

Los investigadores lograron este avance estudiando cristales de circón. Estos diminutos minerales actúan como “grabadores de vuelo” naturales; se forman en ambientes magmáticos y conservan un registro preciso de cuándo y dónde fueron creados.

Utilizando tasas de desintegración radiactiva (como la del uranio) hasta la fecha en más de 1.250 cristales, el equipo reconstruyó la “vida interior” del volcán con una precisión sin precedentes. Descubrieron que el pico de producción de magma en Methana en realidad coincidió con su período más largo de silencio superficial.

¿Por qué los volcanes “duermen” mientras se acumula magma?

El estudio explica esta paradoja a través de la mecánica de zonas de subducción. Methana es parte del Arco Volcánico del Egeo Meridional, donde una placa tectónica se desliza debajo de otra.

  1. El combustible: A medida que la placa desciende, transporta agua de mar y sedimentos del fondo marino hacia el interior de la Tierra.
  2. La reacción: Esta agua hidrata el manto, “sobrealimentando” la producción de magma.
  3. The Stall: Paradójicamente, esta agua también provoca la cristalización dentro del magma, volviéndolo más espeso y viscoso.

Este magma espesado y “húmedo” se mueve mucho más lentamente que la típica roca fundida. Si bien continúa acumulándose en cantidades masivas en las profundidades del subsuelo, carece de movilidad para salir a la superficie, lo que lleva a siglos o incluso milenios de calma engañosa.

Implicaciones para los peligros volcánicos globales

Este descubrimiento es importante porque los pronósticos actuales de peligro volcánico a menudo se basan en una regla general simplificada: si un volcán no ha entrado en erupción en aproximadamente 10.000 años, puede considerarse extinto.

Los datos de Methana demuestran que este cronograma no es confiable. Un volcán puede “respirar” y generar presión durante mucho más tiempo de lo que se pensaba sin mostrar signos de vida en la superficie. Esto crea un alto riesgo para los asentamientos humanos, ya que una erupción repentina de un volcán percibido como “extinto” podría tomar a las poblaciones completamente desprevenidas.

“De hecho, creemos que muchos volcanes en zonas de subducción podrían ser alimentados periódicamente por magma primitivo particularmente húmedo, algo que la comunidad científica aún no ha reconocido plenamente”.
Răzvan-Gabriel Popa, ETH Zurich

Un llamado a la vigilancia

Los investigadores sugieren que la comunidad científica debe dejar de asumir que la latencia equivale a seguridad. Para prevenir futuros desastres, recomiendan que las autoridades globales de peligros aumenten el monitoreo de volcanes inactivos mediante el seguimiento de:
Emisiones de gases
Deformación del terreno
Terremotos volcánico-tectónicos
Anomalías de gravedad

Conclusión: Al demostrar que el magma puede acumularse silenciosamente durante milenios, este estudio destaca la necesidad urgente de reevaluar el estado de los volcanes “extintos” e implementar un monitoreo más riguroso de los sitios volcánicos inactivos durante mucho tiempo.