Cómo los ingenieros conquistaron el calor y el agua en el túnel del Simplon

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El Túnel del Simplon conecta Iselle, Italia, con Brig, Suiza, atravesando una de las barreras montañosas más formidables de Europa. Con 20 kilómetros (12,5 millas) de largo, sigue siendo uno de los túneles ferroviarios más largos del mundo. Cuando se inauguró por primera vez en 1906, era el túnel alpino más grande jamás construido. No fue sólo un atajo. Fue una enorme apuesta de ingeniería que redefinió lo que era posible bajo tierra.

Por qué fue tan difícil construir el túnel Simplon

El paso del Simplón había sido una ruta comercial entre el norte y el sur de Europa desde el siglo XIII. Napoleón I mejoró la carretera de superficie a principios del siglo XIX, pero el ferrocarril necesitaba algo más directo. Los ingenieros comenzaron a excavar en la década de 1890 bajo el liderazgo de Alfred Brandt, director de la firma alemana Brandt, Brandau & Company. Brandt también fue el inventor de un eficiente taladro de roca.

El principal problema era la profundidad. El túnel excava más de 1,6 kilómetros (1 milla) debajo de Monte Leona. Esa profundidad creó calor extremo y presión de agua. Las temperaturas superaron los 49 °C (120 °F). Las irrupciones de agua alcanzaron hasta 49.270 litros (13.000 galones) por minuto. Los instrumentos topográficos incluso fallaron porque la atracción gravitacional de las montañas circundantes desvió sus lecturas.

Cómo Brandt dividió el túnel para sobrevivir al calor

Las técnicas estándar fallaron. Entonces Brandt hizo algo radical. Dividió el túnel en dos galerías paralelas separadas, separadas por 17 metros (55 pies). Esto permitió conducir dos rumbos piloto simultáneamente. Los cruces los conectaban, proporcionando ventilación y un circuito para los trenes de trabajo. Era una forma inteligente de gestionar el flujo de aire y la logística en un espacio donde la roca retrocedía.

El agua y las zonas de fallas todavía causaron caos. En un tramo de roca plagada de manantiales, se derrumbó un entramado de madera convencional. Las tripulaciones tuvieron que revestir el rumbo del piloto con 74 marcos de acero, cada uno de 50 cm (20 pulgadas) de espesor. Fue una solución de fuerza bruta a una pesadilla hidráulica.

¿Qué retrasos impidieron que el Túnel del Simplón terminara a tiempo?

Alfred Brandt murió mucho antes de que se terminara la primera galería. El primer túnel se abrió paso en enero de 1905 y el tráfico se inició en 1906. La segunda galería enfrentó diferentes obstáculos. Estalló la Primera Guerra Mundial y se desviaron recursos. La construcción se detuvo. La segunda galería finalmente se abrió al tráfico en 1922.

El retraso no fue sólo por una cuestión de dinero. Se trataba de la guerra, la escasez de mano de obra y la magnitud del proyecto. Sin embargo, el túnel resistió. Es un testimonio de cómo la ingeniería se adapta cuando la naturaleza contraataca.

“Las mayores hazañas de la ingeniería no siempre tienen que ver con la fuerza, sino con la perseverancia.”

Hoy en día, el Túnel del Simplon es un enlace ferroviario fundamental entre Italia y Suiza. Maneja diariamente un intenso tráfico de mercancías y pasajeros. El calor, el agua, las estructuras de acero, los rumbos paralelos. Todo esto sucedió porque alguien se negó a dejar ganar a la montaña.