Los cachalotes cambian las ‘vocales’ vocales para hacer frente al ruido de los barcos

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Cambian la forma de hacer clic. No sólo más ruidoso, no sólo más rápido. Algo más profundo.

Los cachalotes frente a la costa de Dominica alteran sus patrones de comunicación específicos cuando los barcos se acercan a la deriva. El cambio es tan distinto, tan matemáticamente claro en los datos, que los investigadores ahora pueden mirar una grabación de clics y decir con gran confianza si hay un barco en el fondo. Es un nuevo tipo de alarma acústica.

Esta no fue una encuesta rápida. Los investigadores del Proyecto Ceti (la Iniciativa de Traducción de Cetáceos) pasaron cuatro años escuchando. Rastrearon 15 ballenas. Colocaron etiquetas de audio no invasivas mediante un dron, una solución inteligente para estudiar gigantes que pasan la mayor parte de su vida en las profundidades del océano. El resultado es un artículo publicado en Ecological Informatics que cuestiona cómo pensamos que el lenguaje de las ballenas funciona bajo presión.

Decodificando la coda 1-1-3

Para comprender el cambio, es necesario comprender la línea de base. En condiciones normales, en condiciones de tranquilidad, una ballena del grupo llamado “Atwood” produjo una coda específica. Una coda es un patrón discreto de clics. La versión de Atwood era un ritmo 1-1-3. Dos clics. Una pausa. Luego tres clics más rápidos. Esta cadencia específica es exclusiva de este clan de cachalotes en las aguas del Caribe cerca de Dominica.

Es su firma. Su identificación.

Entonces se pusieron en marcha los motores del barco.

El zumbido de fondo de la maquinaria no sólo enmascaró la voz de la ballena. Cambió la voz misma. Atwood mantuvo la estructura 1-1-3, sí. Pero los intervalos se redujeron. Los clics se acercaron. El ritmo aumentó.

“Esta investigación plantea la pregunta: ¿las ballenas hablan de los barcos o hay un impacto en sus voces porque hay barcos alrededor?”

David Gruber, fundador y director ejecutivo del Proyecto Ceti, plantea el dilema perfectamente. Es un bucle semántico. ¿Cambiaron su lenguaje para describir la amenaza? ¿O el ruido alteró físicamente su aparato vocal? De cualquier manera, el resultado es diferente.

Gašper Begus, jefe de lingüística de la organización, señala que la correlación era fuerte. “Sólo a partir de sus vocalizaciones podemos predecir si hay barcos cerca”, afirma. Analizaron más de 1.000 codas. Verificaron la presencia del barco utilizando datos de geolocalización digital. El vínculo entre el cambio de sonido y la embarcación no fue una coincidencia. Fue consistente.

Más allá del efecto lombardo

La mayoría de los estudios sobre animales marinos y contaminación acústica se centran en el volumen. El efecto lombardo. Cuando hace mucho ruido, subes la voz. Los humanos lo hacen. Los pájaros lo hacen. Se supone que los mamíferos marinos deben hacerlo.

Estos cachalotes no lo hicieron. No principalmente.

En lugar de simplemente aumentar el volumen, cambiaron el tipo de codas que producían. Alteraron el contenido a escala fina. Este matiz marca una desviación de la narrativa estándar. El ruido submarino no sólo ahoga el mensaje; distorsiona la sintaxis.

Esto se conecta con el trabajo anterior del Proyecto Ceti sobre “vocales”. La comunicación del cachalote a menudo se compara con el código Morse. Una serie de puntos y rayas. Pero si aceleras los espacios entre los clics de una coda, surge algo más. El sonido se fusiona en una unidad continua. Se parece a las vocales humanas. En concreto, los sonidos “aaaa” y “iiii”.

En condiciones ruidosas, las ballenas cambiaron la proporción de estos sonidos. Usaron la coda “aaaa” con más frecuencia.

¿Están diciendo algo nuevo?

Esto lleva al misterio central. Si las “vocales” son unidades de información significativas, cambiarlas cambia el mensaje.

“El estudio es en realidad uno de los primeros indicios de que las vocales que descubrimos podrían contener información significativa”, explica Begus. “Porque en presencia de ruido de barco, cambian la forma en que usan esas vocales”.

¿O están luchando por articular la misma información a través de un filtro acústico que ellos mismos han creado? Los datos muestran el cambio. La intención sigue siendo especulativa.

La comunidad científica aún no está del todo de acuerdo con la terminología. Algunos críticos sostienen que términos como “vocales” y “lenguaje” llevan demasiado lejos la analogía entre el habla humana y los chasquidos de las ballenas. El antropomorfismo es una trampa peligrosa en zoología.

Gruber lo reconoce. El Proyecto Ceti intenta ir por la línea usando calificativos: “similar a una vocal” o “similar a un lenguaje”. Es una barrera lingüística. Una forma de mantenerse firme mientras explora ideas provocativas.

Nathan Merchant, un especialista en ruido submarino que no participó en el estudio, ve los datos pero advierte que no se deben sacar conclusiones precipitadas. Factores desconocidos podrían estar impulsando el cambio vocal. Otros factores estresantes ambientales. Disponibilidad de presas. Dinámica social.

Pero la “corazonada” de Merchant se inclina hacia la causalidad. “Algo que destaca de este estudio es que muestra cambios en el contenido a escala fina”, señala Merchant. Agrega otra capa de matices a cómo el ruido submarino afecta a los cetáceos. No es sólo volumen. Es estructura.

Es hora de hacer la pregunta más difícil.

¿Estas ballenas simplemente luchan por ser escuchadas? ¿O están adaptando su dialecto en tiempo real, negociando una nueva realidad acústica con cada clic?

Es una pregunta realmente intrigante. Uno para el que aún no tenemos una respuesta clara.